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 ESCRITORES ANTE EL III MILENIO (I)


  Lunes, 03 de Julio de 2000 

Hans M. Enzensberger: «El Parlamento europeo tiene un punto ridículo»

PAULA IZQUIERDO

MUNICH.-

Comenzamos una nueva serie de entrevistas donde seis escritores europeos reflexionan sobre el nuevo milenio. La primera de las conversaciones que ha realizado la escritora Paula Izquierdo ha sido con el filósofo alemán Hans Magnus Enzensberger (Baviera, 1929). Ensayista, poeta y dramaturgo es una de las referencias constantes del pensamiento político y cultural europeos.

A los 16 años estuvo en el ejército alemán y más tarde trabajó como traductor y barman, mientras realizaba estudios de germanística, literatura y filosofía en Hamburgo y París. En 1955 se doctoró con una tesis sobre la teoría poética de Brentano. A partir de los años 60 empezó a publicar y en la actualidad su voluminosa obra comprende desde guiones radiofónicos (fruto de su trabajo en la radio), poemas, 'Mausoleo', 'El hundimiento del Titanic'; ensayos, 'Europa, Europa', 'El corto verano de la anarquía', 'La gran migración', 'Detalles', Zigzag' y una obra de teatro sobre Diderot, su autor favorito. Enzensberger ha vivido en Noruega, Italia, Estados Unidos y Cuba y entre los años 65 al 75 fue miembro del Grupo 47. Es un escritor ecléctico y, por eso, la lista de los cinco mejores libros del siglo XX sería infinitamente más larga. Desde 1985 dirige la colección literaria La otra Biblioteca y publica un volumen al mes.

MUNICH (Alemania). Nos recibe en un silencioso apartamento situado en un tranquilo y arbolado barrio de Múnich. En su estudio, las estanterías forman un muro infranqueable de libros, no cabe ni uno más. Por eso, en una mesa que él ha bautizado como el purgatorio descansan los nuevos. Sólo los bienaventurados alcanzarán la librería. A cambio, tendrá que sacrificar alguno de los antiguos. Enzensberger siempre ha sido un escritor de culto; un poeta y un agudo ensayista.

Haberse convertido en un best-seller con El diablo de los números , un libro que dedicó a su hija, le resulta extraño, pero no fue calculado. «Me parece muy agradable lo que me ha ocurrido porque el dinero obtenido con este libro me permite dos lujos: la independencia y el tiempo».

Introducción

Enzensberger habla bastante bien español, con un leve acento andaluz. A veces se le escapa alguna palabra en italiano, o acude al inglés cuando una expresión se le resiste; un auténtico políglota; el resultado es un discurso eficaz y ocurrente. Delgado, alto y de aspecto saludable, Enzensberger, habla con cierta vehemencia gestual aunque en ningún momento le abandona el buen humor.

Europa

Su poema El hundimiento del Titanic podría leerse como una metáfora anticipatoria que recrea los acontecimientos desastrosos que tendrían lugar poco después en Europa. «La metáfora no tiene un sentido unilateral, cada metáfora es ambigua, polisémica. Es cierto que hay una coincidencia en el tiempo y en ese sentido puede servir como metáfora anticipatoria, pero también habla del derrumbe del socialismo en una isla, porque fue escrito en La Habana, cuando estuve viviendo en Cuba». La ventaja es que todo el mundo conoce la historia del Titanic, algo que le permitió ser mucho más libre a la hora de escribirlo. «En el poema hay un texto sobre Berlín, que en aquel momento, antes de la caída del muro, era una isla como Cuba». En Europa, en todo caso, no deberíamos hablar de naufragio. «Nosotros estamos en una isla habitable. Los africanos son los náufragos de hoy en día».

El racismo es un hecho universal, un hecho antropológico. «No es una característica de los europeos. Pienso en Ruanda donde ha habido unas masacres terribles. Sería demasiado fácil echarle la culpa a los belgas. Ellos se marcharon hace ya 50 años. Otro ejemplo son los japoneses. Nuestros sentimientos racistas son modestos si nos comparamos con los nipones. Tengo la tentación de decir que los europeos son los que viven estos sentimientos de forma más culpable. Desde luego, esto no quiere decir que seamos inocentes, porque los europeos conquistamos el mundo. Probablemente no haya un sólo país europeo que no tenga un pasado colonialista o imperialista».

Los conflictos nacionalistas en Europa seguirán ocupando páginas de los periódicos. «En la ecuación del nacionalismo existen muchas variables. Una de ellas es la económica, pero también existe la psicológica: el deseo de encontrar e identificar al demonio en el otro. Jamás soy yo el peligroso, es siempre el otro. Es inevitable que los conflictos continúen pero, a largo plazo, digamos en unos 50 años, quiero creer que Europa terminará convirtiéndose en una especie de Brasil. Europa tendrá una población donde lo normal es que se dé el mestizaje. Pasado un cierto nivel de resistencia, la gente tenderá a amalgamarse, a mezclarse. El gueto como espacio es un hecho transitorio, porque los inmigrantes no van a estar siempre recluidos en pequeños núcleos. Esta Europa que imagino no dejara de ser conflictiva, pero también será muy interesante y atractiva. Los europeos, les guste o no, deben hacerse a la idea. Será un proceso lento, difícil, conflictivo pero inevitable». No cree que el problema del racismo y la xenofobia se resuelva con buena voluntad y sentimientos altruistas o humanitarios. «Sí, además hay una cierta tendencia a la hipocresía porque la gente que critica los altercados de carácter racista, los periodistas e intelectuales, viven en barrios privilegiados, donde no se producen estos problemas. El conflicto existe, es verdad, hay una fricción real, y los buenos sentimientos sólo sirven para hacer demagogia».

Después de descartar el anarquismo, el marxismo y el socialismo real, quizá lo único que permanece es una revolución profunda que ha cambiado los hábitos de las sociedades avanzadas, y esta revolución es la de las mujeres. «El siglo XX, a diferencia del XIX, no se caracteriza por haber sido muy productivo en ideas. El nazismo, el estalinismo, o el franquismo son ideologías totalitarias nada originales y muy negativas para la Humanidad. Por eso, la única revolución que va a resistir el paso del tiempo y que es enormemente positiva es el cambio de la posición de la mujer. No hablo de feminismo, porque es demasiado estrecho y limitado, sino de una revolución mucho más profunda, que además está al margen de las ideologías y que, precisamente por eso, es la única revolución que sobrevivirá. Este fenómeno ha tenido lugar en las sociedades avanzadas y es donde seguirá desarrollándose. Esta, por lo tanto, es la cara amable de nuestras sociedades». No considera que los hombres deban verse amenazados por estos cambios. «Al contrario; es mucho más interesante establecer una relación, del tipo que sea, con una mujer que se sabe fuerte e independiente».

Enzensberger opina que en Europa existe una fuerte segregación entre los políticos y los ciudadanos. «La gente se autoorganiza espontáneamente para defenderse de la política oficial. Aunque también es verdad que los ciudadanos tienden a echar balones fuera y a considerar a los políticos, corruptos e ineficaces, como los causantes de sus desgracias individuales. Un ejemplo son los impuestos. Naturalmente cualquier gobierno trata de explotar al ciudadano al máximo. Y el ciudadano se defiende haciendo una serie de trampas para pagar menos impuestos. Es un deporte nacional. De modo que al lado del político opresor está el ciudadano tramposo».

Enzensberger es contrario a la tesis de Bourdieu, quien opina que el estado de bienestar está amenazado. «Bueno, éste es el papel de Bourdieu, es un hombre crítico con la sociedad. Para alguien crítico los problemas cuanto más graves sean mejor. No, en serio, desde luego que hay pobres en Europa, pero desde una perspectiva histórica jamás una proporción tan grande de la Humanidad ha comido todos los días sin problemas. Hay que valorar la situación de Europa en comparación con otros países, muchísimo más pobres, y en comparación con épocas anteriores. No es que yo no sea crítico con el capitalismo, pero qué duda cabe que el capitalismo, para una parte de la Humanidad, ha sido más beneficioso que el comunismo. La izquierda bien pensante prefiere no admitirlo, pero es inútil negar lo que está a la vista de todos, por razones ideológicas. Me da igual si les parece bien o mal a los excamaradas».

No está del todo de acuerdo con Sloterdijk quien opina que la reunificación alemana es una falsa promesa; no se puede vivir en igualdad mientras la RDA reciba «limosnas» de RFA. «No pienso que la reunificación haya sido un éxito estrepitoso. Pero el hecho de que caiga un muro, es decir, de que se abra una prisión, es siempre un motivo de alegría. No tiene nada ver con un sentimiento nacional, porque sentí la misma emoción cuando los checos, los búlgaros y los polacos se liberaban de esta opresión. Las consecuencias son otra cosa. El régimen de Franco fue mucho menos eficaz si lo comparamos con el comunista. La ideología comunista penetró en la sociedad y arrasó con cualquier tipo de pensamiento individual. La Alemania oriental sufrió durante 12 años a Hitler y durante 40 años más un régimen comunista. Pretender que después de tanto tiempo los alemanes orientales se convirtieran, de la noche a la mañana, en demócratas iluminados y en capitalistas eficaces, resulta iluso, por no decir estúpido».

Alemania

Cree que la rehabilitación de un pueblo después de una dictadura dura lo mismo que la dictadura. Cuando hayan pasado 30 años veremos si ha sido un éxito o no. «Pero Sloterdijk tiene razón en algo, y es que es cierto que unos viven de la limosna de otros. Hay muchos casos de familiares en los que unos tienen mucho dinero y otros muy poco. El pobre nunca estará contento, porque se siente herido en su dignidad al tener que aceptar ayuda. Los alemanes tienden a sentirse víctimas de Hitler, porque ellos no tuvieron nada que ver con las barbaridades que hizo. Por eso después de la guerra se sentían ofendidos, porque se consideraban víctimas no sólo de Hitler, sino del trato recibido por parte de los aliados. ¡Pobres de nosotros!, se decían. Pues este sentimiento se repite con los alemanes orientales. Sentirse víctima jamás es una buena estrategia. No quiero juzgarlos, pero ellos a diferencia de otros pueblos que han sufrido el comunismo, tienen un hermano rico que les paga. Es una entelequia que quizá sea inevitable psicológicamente pero que no rinde, que resulta estéril».

Enzensberger dice que los alemanes no les gusta Bruselas. «Hace falta una legitimación real. Desde el punto de vista constitucional hay muchas lagunas. No es un proceso democrático y esto no gusta. Los políticos europeos toman las decisiones a puerta cerrada. Nadie les dice lo que tienen que hacer. Aunque todo el mundo reconoce que la Unión Europea implica ciertos avances sobre todo de carácter práctico. Por ejemplo, que se hayan suprimido las aduanas o los aranceles. Por eso el sentimiento de los alemanes es más bien ambiguo. También es obvio que a los pobres estas ventajas les dan igual».

Hace poco no se pudo votar una resolución para enviar ayuda económica a Etiopía porque muchos políticos se habían ido. «Sí, eso fue tremendo, por eso pienso que esto del Parlamento Europeo tiene un punto ridículo, es un parlamento falso, casi virtual. No se toman en serio su trabajo. Pero a parte de la Europa oficial, de las instituciones, hay también una europeización real, es decir, que todos tenemos amigos, mujeres, casas, amantes en todas partes de Europa. Sólo hay que mirar mi agenda; está llena de amigos de todos los países. En ese sentido los europeos hemos ganado mucho al eliminar las fronteras. Así que hay una integración real y positiva más allá de los burócratas de Bruselas».

Los alemanes parece que no se han liberado de los condicionamientos morales del nacionalsocialismo, de hecho Enzensberger habla de toda una industria cultural. «Hay películas, libros, debates, el día de la comunidad hebrea, hay muchos museos, discursos, etc. El antisemitismo es algo que produce un rechazo inmenso en los alemanes. Y es cierto que el pueblo alemán ha sido el primero de la clase en no olvidar. Esta es la parte positiva del proceso, pero no se sabe bien cuál es la parte oscura, qué motivos latentes pueden sobrevivir. En los años 80 hubo una serie de ataques xenófobos en la Alemania Occidental que provocó reacciones muy fuertes de la sociedad y se puso en marcha una campaña antixenófoba impresionante. Creo que ahora los alemanes son cada vez más como los demás». Hablando de Haider, Enzensberger considera que es muy hipócrita demonizarlo. «Sin ir más lejos los belgas, que parece que se han convertido en los guardianes de la moral, también han tenido muchos problemas de corrupción, asesinatos políticos y mafias».

El predominio económico de los alemanes resulta insoportable para sus vecinos franceses e ingleses. «Lo que ocurre es que Alemania es más grande, es un hecho objetivo. Cada país tiene siempre puesta la mirada en el país mayor. Por ejemplo los alemanes miran a Rusia, China, India, EEUU, y esto no debe ser motivo de sufrimiento. No me preocupa, no me parece racional. Qué pensarán los habitantes de Liechtenstein. Es una cuestión de tamaño, pura y simplemente. A mí me parece muy bien y me alegro de los éxitos de otros países. Por ejemplo, la economía francesa va muy bien y me alegro. Este miedo de algunos porque a Alemania le vaya bien es un poco infantil. Es como en la escuela, siempre hay alguien mejor y alguien peor». En cuanto al miedo que sienten algunos intelectuales por el predominio alemán, Enzensberger diría que Alemania no es tan interesante, que es más bien aburrida. «Creo que hay una especie de fascinación en todo esto por parte de los demás. Por el hecho, y se entiende, de que aquí se vivió una monstruosidad, y por eso resultábamos tan interesantes. Pero, ya no. Estoy muy contento de la mediocridad, de lo aburridos que son los alemanes. Porque así son como los demás». Está de acuerdo con Susan Sontag que opina que no todas las guerras son iguales. Pero sí estuvo a favor de la intervención en Kosovo. «Sí porque los Balcanes es una región sobre la que históricamente nosotros teníamos cierta responsabilidad. Como los franceses en Argelia o España en Marruecos».

Milenio

En su libro, Dónde está Robert , el protagonista viajó al pasado. ¿Dónde situaría a Robert dentro de unos años? «El milenio es una cosa aritmética, que no existe. Sería demasiado listo si pudiera decir cómo va a ser el futuro. Afortunadamente, sobre el futuro no sabemos nada. Ya he sido bastante osado planteando que Europa será una Europa Brasileña».

Enzensberger cree que el pluralismo ha teñido todos los ámbitos sociales y la forma de entender las relaciones personales. Hay que inventarse un modo de vida, ya no hay reglas que funcionen, por eso hay que crear un código de comportamiento sexual y familiar para que cada uno tenga el suyo. Con suerte cada cual encontrará un tipo de persona con quien compartir estas reglas. Esto es más importante que la atracción erótica. Está muy bien tener un romance de tres días pero para convivir hay que respetar las reglas mutuas que no se dan de forma automática sino que se construyen individualmente. Esto está lleno de riesgos y por eso fracasan muchos. Somos libres y eso es muy grave».

Hay mucha gente que no es capaz de vivir con esa multitud de opciones y ser fiel a las normas que él mismo estableció. Sus libros, 'El diablo de los números' o 'Dónde está Robert' nacen de una necesidad como padre. «Soy bastante escéptico con la pedagogía y la educación actuales. No tengo una receta pero lo que si sé es que a los niños no hay que inculcarles valores, sino seducirles. Los libros que escribí para mi hija fueron para entretenerla, y yo exijo de mi hija lo mismo, que me entretenga. Debe ser algo recíproco, es terrible que los padres se aburran con los niños y viceversa. Es un proceso mutuo. Los niños cuando son pequeños son geniales, desgraciadamente a partir de la pubertad pierden parte de esa genialidad».

La biotecnología, la clonación, la manipulación genética, todos estos avances en la ciencia se presentan como inevitables, no se puede dar marcha atrás, asegura Enzensberger. «En el año 50, en la Exposición Universal en Bruselas, se presentó el Atomium. Entonces decían que todo los problemas se resolverían con la energía nuclear porque no costaba nada y no implicaba riesgos. Este tipo de optimismo generalizado frente al progreso sobrevive a todos los desengaños, porque ya nadie cree en la energía nuclear, sin embargo, ahora se repite el mismo afán e ilusión con la biotecnología: no vamos a morir, las enfermedades van a desaparecer, etc. Ya veremos qué tipo de desilusión conllevará este optimismo irracional».

Enzensberger piensa que los escritores son espectadores. «El que viene después y lo cuenta no es nunca la víctima. Sin embargo, esto no necesariamente significa que el escritor no se identifique con sus personajes, o incluso que no haya pasado por experiencias dolorosas, sin embargo, entre el escritor y lo que escribe siempre se produce una distancia que desde mi punto de vista posee un carácter irónico, incluso involuntario». Es lo que él denomina la ironía objetiva. Muchas veces en la literatura sentimental el escritor no reconoce la distancia y se comporta como si fuera la víctima. Es un poco sospechoso cuando hay demasiada identificación. Hay que utilizar esa distancia, no ocultarla si no hacerla obvia». Formó parte del Grupo 47, sin embargo, Enzensberger afirma que la literatura de las ruinas prácticamente no llegó más allá de esa etiqueta. Esto no significa que no valieran de nada sus esfuerzos por devolver al idioma alemán cierta dignidad. «Por supuesto que sí. El grupo se creó después de terminar la guerra y llamamos a este periodo el momento cero de la literatura. A lo que me refiero es que eso fue una ilusión, porque no se puede hacer tabla rasa, siempre hay una continuidad negativa o positiva». Cree que para hablar de intelectuales ya están los congresos. «A ellos les encanta. Me pregunto por qué no hay congresos de dentistas, de abogados, o de panaderos. Cada uno de estos oficios tiene un papel en la sociedad, pero no sé por qué no llenan tantas páginas con artículos como lo hacen los intelectuales».

Enzesberger es un intelectual agudo, con un fornido sentido del humor y una consistencia de pensamiento singular e irreductible. Si fuera un animal le gustaría planear sobre la tierra y vivir en las alturas; ser un águila.

https://www.elmundo.es/elmundolibro/2000/07/03/anticuario/962618330.html

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